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Pan

yo no comprendo el pan pero lo como
el pan es un misterio en una mano
en que concurren las lluvias y los soles
cómo será que se confundan tanto
cómo será que todo se comprime
y penetra en la espiga y en el grano
que acuna el día en su calor tan suave
y que la noche cuaja en su descanso
y es una flor de harina que se empapa
en una artesa del arroyo calmo
y da ese fruto que trabaja el hombre
de fuego y tierra y agua y brazo
de tantos días y de tanto viento
tantas abejas tan poco artefacto
comer el pan es comulgar un poco
volver lo natural en un ensalmo
que extiende sus bondades desde el vientre
pues siempre fueron simples los milagros

  T. Galindo ©

Dos mil gatos

cuando me miras te miro y nos miramos
la carne tibia y el lento recorrido
de un dedo sobre el vientre estremecido
y tememos hablar y nos callamos
en la ventana ascienden los planetas
por la alfombra navegan los zapatos
duermen en el tejado dos mil gatos
y sus dos mil modorras inconcretas
no te dejan dormir velar tampoco
la loca está en la siesta con el loco
el loco con la loca y su deseo
y un dedo que se marcha de paseo
por la rotonda carmín de los pezones
y las hadas de las habitaciones
aprenderán a callar cuando te veo
a los cucos de todos los relojes
les daré mis lecciones silenciosas
y van a enmudecer todas las cosas
para oír tu latir donde te alojes
me mirarán tus ojos como jueces
y yo que me nutro en tu mirada
y tengo entre tus pechos mi morada
te diré que te quiero algunas veces
los dos mil gatos abrirán el ojo
naufragarán los zapatos en la alfombra
y los planetas quedarán en sombra
mientras acabo a besos con tu enojo
el dedo de un pezón se hará amigo
jugando sin dormir en esta siesta
y comerá también a mesa puesta
alguna lengua en algún ombligo
hay arañas tejiendo en los rincones
el ajuar de las tardes soñolientas
oliendo a muerto se deshojan lentas
las rosas secuestradas en jarrones
y los planetas flotarán ingraves
los dos mil gatos roncarán enfrente
nos seguiremos mirando fijamente
y no diremos lo que tú ya sabes
te mentiré callando que me muero
de amor por ti y tan esquivo
no te diré que solamente vivo
para esas veces en las que te quiero

Tomás Galindo ©