Categoría: Audiciones

Los buenos

ciegos y sordos y sin manos que palpen lo cercano cantamos sin hacer caso de presagios como los juglares ante el año mil no conoce nuestra frente la ceniza y antes dispuestos al desnudo que a vestirnos de saco nos…

Vaya mierda de akelarre

Juguete cómico en un acto. Puedes escuchar la versión radiofónica: Dramatis personí¦: Mefistofelina: >>(Marí­a de las Amnesias Repérez Ladrón de Veras y Gorrónez del Mercadillo) Polí­tica. Va vestida con traje sastre, elegante, moderna y desenvuelta. Sonrí­e falsamente todo el rato,…

Pacita

-Pacita, hija, tráeme el chal Y allá que iba Mari Paz, china chana china chana, arrastrando las pantuflas con forma de perrito lanudo, con dos bayetas debajo para no manchar el piso recién encerado, a ponerle el chal a mamá.…

Desencuentro

La basca: Fenómeno ¡pasa pues! La basca: Hosti, el guaperas. La basca: Nene, que nos tienes nerviositos aquí­ esperándote, este ya se ha comido dos bolsas de cacahuetes de los puros nervios. El chico: Qué pasa, ¿ha durado poco la…

Cuento de los globos (romancillo a la antigua)

Este cuento no es un cuento,
trata del tí­o Perico,
un viejo gruñón y grande
en tiempos muy conocido
pues dicen que otrora fue
como la copa de un pino,
reí­a como un campano
en su torre los domingos,
y más de una y más de dos
soltaban por él suspiros.
Dicen que casó con una
que le sorbió los sentidos
y fueron ambos felices
y más al tener un hijo.
Nunca se vio en una casa
más alegrí­a, más mimos,
ni unos padres tan dichosos
y embobados por su niño.
Pero el niño no medró,
era débil y enfermizo
y lo quiso Dios llevar
y así­ la casa deshizo,
porque no quiso la madre
dejarlo solo, no quiso.
Y Perico se quedó
sin Pilar y sin Pedrito,
y sin brillo en la mirada
y sin rumbo y sin destino.

…Si te mueves por el centro
seguro que lo habrás visto.
Se pasea por el parque
muy viejo pero muy limpio,
achacoso y arrugado
pero todaví­a erguido,
puede que sin afeitarse
todo que hubiera debido,
fumando una tagarnina
y oliendo una pizca a vino.
La chaqueta con coderas,
pantalón descolorido
con brillos de gris y negro
y con los bajos zurzidos;
una boina hasta las cejas,
y le acompaña un perrillo
que dirí­ase su sombra
si no fuera tan canijo.
Cada dí­a da un paseo
siempre con paso cansino
buscando sol y calor,
y quedándose dormido
en el banco de la tapia
entre jazmines y lirios.
Y cuando cae la tarde
el perro con un ladrido
le avisa de que ya es hora
y él le contesta: -Ya mismo.
Porque conversan los dos
como si fueran amigos.
Suele acercarse al estanque
al tobogán y al columpio
viendo a los niños jugar
entre carreras y gritos
como si fuera buscando
en alguno un parecido
a aquel que se le murió
sin llevarlo a un tiovivo.

Y llegó un dí­a feriado,
habí­a venido un circo,
por todas partes sonaban
sirenas, fanfarrias, pitos,
habí­a algodón de azúcar
churros y buñuelos fritos
y un globero con mil globos
tirando de mil hilitos.
Los niños andaban locos
viendo globos tan bonitos.
Y allá que se fue nuestro hombre
metió la mano al bolsillo,
sacó un billete muy grande
y -Los compro todos- dijo.
Cogió los globos y luego
cortó de golpe los hilos,
y allá se fueron al cielo
los globos en remolino
de verde, rojo y azul,
de morado y amarillo.
Y se secó un lagrimón
de lo menos medio litro
mientras miraba los globos
y decí­a:
…-Pa mi chico.

Tomás Galindo