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convidado a las sobras

convidado a las sobras de los dueños del mundo
presencio los hartazgos las pompas los festines
sus bocas de caimanes sus ciegas dentelladas
les miro las púas los picos y escamas
las dobles papadas las tetas postizas
el as en la manga la sombra del tipo
que acerca sus sillas y enciende sus puros
el sabor a hierro de la hemoglobina
el olor a incienso chanel y napalm
el brillo en sus ojos como en sus diamantes
o en las gafas negras de los guardaespaldas
escucho sus lenguas con filo de naipe
el siseo sordo de sus componendas
los discursos huecos de sus portavoces
los tengo tan cerca que hasta me salpican
con los hisopazos de su agua bendita
con la salivilla de llamar al orden
sentado en el fondo de sus auditorios
y zarandeado oigo que corean
consignas de patrias derechos banderas
el libre albedrí­o el propio derecho
que ondean mayúsculas desde sus diarios
desde la letra chica de los contratos
desde las tribunas los púlpitos las televisiones
donde el libre comercio lo tuyo lo mí­o
la llave en la puerta la alarma los guardias
fueran las enseñas de la libertad
qué hueca en sus bocas que fea qué sucia
qué llena de de polvo de sangre de mierda
estos torcedores de las voluntades
conservadores de la prebenda
liberales con lo ajeno que ya es casi nada
demócratas de a tanto el voto
polí­ticos de yo te haré alguien y fí­rmame aquí­ con sangre
sonrisas televisivas dientes con estrellita
asesor de imagen que se gana el sueldo y el chalé
chófer con gorra y visera ah visera visera
qué serí­a de ellos sin viseras sin cascos
sin todo tipo de gorras uniformes
sin todo tipo de gentes uniformes
¿tú no ves el coto de caza que es todo para ellos
las lentas jirafas de las pasarelas
las presentadoras de telediarios
los viejos roqueros que se van muriendo
los culos en pompa de la aristocracia
las togas con naftalina
los documentales de asi era cuando
pasó la manada que arrasa la selva?
yo veo de lejos a los elegidos
tienen convocados debajo su mesa
jubilados mileuristas clases medias
veraneantes de fiestas de pueblo
que miran arriba para ver si caen
apenas migajas porque no perdonan
ni gota de sangre de lo que rapiñan
veí­a todo eso como tú seguramente
convidado a las sobras
y me fui tan deprisa
que mi sombra aún me está buscando
Tomás Galindo ©

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Cuento de los globos (romancillo a la antigua)

Este cuento no es un cuento,
trata del tí­o Perico,
un viejo gruñón y grande
en tiempos muy conocido
pues dicen que otrora fue
como la copa de un pino,
reí­a como un campano
en su torre los domingos,
y más de una y más de dos
soltaban por él suspiros.
Dicen que casó con una
que le sorbió los sentidos
y fueron ambos felices
y más al tener un hijo.
Nunca se vio en una casa
más alegrí­a, más mimos,
ni unos padres tan dichosos
y embobados por su niño.
Pero el niño no medró,
era débil y enfermizo
y lo quiso Dios llevar
y así­ la casa deshizo,
porque no quiso la madre
dejarlo solo, no quiso.
Y Perico se quedó
sin Pilar y sin Pedrito,
y sin brillo en la mirada
y sin rumbo y sin destino.

…Si te mueves por el centro
seguro que lo habrás visto.
Se pasea por el parque
muy viejo pero muy limpio,
achacoso y arrugado
pero todaví­a erguido,
puede que sin afeitarse
todo que hubiera debido,
fumando una tagarnina
y oliendo una pizca a vino.
La chaqueta con coderas,
pantalón descolorido
con brillos de gris y negro
y con los bajos zurzidos;
una boina hasta las cejas,
y le acompaña un perrillo
que dirí­ase su sombra
si no fuera tan canijo.
Cada dí­a da un paseo
siempre con paso cansino
buscando sol y calor,
y quedándose dormido
en el banco de la tapia
entre jazmines y lirios.
Y cuando cae la tarde
el perro con un ladrido
le avisa de que ya es hora
y él le contesta: -Ya mismo.
Porque conversan los dos
como si fueran amigos.
Suele acercarse al estanque
al tobogán y al columpio
viendo a los niños jugar
entre carreras y gritos
como si fuera buscando
en alguno un parecido
a aquel que se le murió
sin llevarlo a un tiovivo.

Y llegó un dí­a feriado,
habí­a venido un circo,
por todas partes sonaban
sirenas, fanfarrias, pitos,
habí­a algodón de azúcar
churros y buñuelos fritos
y un globero con mil globos
tirando de mil hilitos.
Los niños andaban locos
viendo globos tan bonitos.
Y allá que se fue nuestro hombre
metió la mano al bolsillo,
sacó un billete muy grande
y -Los compro todos- dijo.
Cogió los globos y luego
cortó de golpe los hilos,
y allá se fueron al cielo
los globos en remolino
de verde, rojo y azul,
de morado y amarillo.
Y se secó un lagrimón
de lo menos medio litro
mientras miraba los globos
y decí­a:
…-Pa mi chico.

Tomás Galindo