Una boda con muchos humos


UNA BODA CON MUCHOS HUMOS
(Juguete cómico en un acto y un epí­logo)
por Oz

Reparto

Felipe (novio)
Doña Reparación (madrina)
Letikia Conca (novia)
Pichurri (parejita, chico)
Pastelito (parejita, chica)
Don Fadrique Conca (padrino)
Romerales (policí­a) y Doña Fina (abuela)
El Vespa (chorizo) y Don Vespasiano (abuelo)
Padre Manolito (cura)
Paquito (mónago)

Escenario: Es un jardincito con pared al fondo, se ven sillas, una mesa con algunos paquetes y cajas, se ha de dar impresión de que se guardan cosas para la celebración de la boda al otro lado de la pared, como sillas y mesas plegables. Hay macetas entre las candilejas y plantas y flores. Colgado de la pared, el incensario, de buen tamaño. En la pared hay un letrero de baldosines de colores que reza Villa Letikia

Acto Primero
Escena 1

El Vespa:
(Entra por la entrada de espectadores, corriendo que se las pela hacia el escenario y gritando) ¡Ay que me pilla, ay que me pilla el jodí­o madero! (Intenta sentarse entre dos personas, luego camuflarse de niño de pecho) Oiga, usté diga que soy su nene, señora (se sienta encima de un señor con bigote) Caray, si tiene más pelos en la cara que mi tí­a Justina. ¡Ay que destas me atrapa el Romerales, ay que me manda a Carabanchel con mi padre, y mis hermanos y mis tí­os y mis primos, y mi tí­a Justina! (sigue corriendo y sube al escenario) ¿Y dónde escondo el alijo? Porque como me coja con el material encima me manda a Carabanchel con mi padre, mis hermanos y mis tí­os ¡a ver si es ese ruido que oigo! (se oye un ruido por la entrada de espectadores) Qué bruto es, que frena contra los buzones. ¡Ay que me agarra, y me prometió ponerme las esposas de chica, que aprietan más! ¡Ay mi madre que en la cárcel de Yeserí­as esté ¡Ya sé! Voy a esconderlo en esta maceta aquí­ colgada, que no tiene plantas dentro y no la regarán. (por el incensario que está colgado en la pared) Debe ser de esas para plantas trepadoras, pero se les habrá muerto ¡Yo me las piro! ¡Agua! (sale por el foro)

Escena 2

Romerales:
(Con bigote, exhibiendo un pistolón tremendo y unas esposas, y con la estrella de sheriff en la solapa de la cazadora, a gritos a los espectadores) ¡Nadie se mueva! ¡A ver, que salga el Vespa de donde esté escondido o os llevo a tos a la comisarí­a! ¡Conmigo bromitas no, eh! (va inspeccionando las filas de espectadores y metiendo la pistola a los niños por la nariz) ¡A ver, usté, crí­o! (a un niño pequeño) ¿Usté no serás un cómplice del Vespa, verdad? ¿Usté no querrás que te lleve al calabozo, eh? A ver, por dónde se ha ido el Vespa, eh ¡canta! (espera a ver qué le dice el niño, y, diga lo que diga, prosigue) Este niño seguro que acaba mal, muy mal, con esa cara de malhechor no debe ser trigo limpio, no (volviéndose rápido amenazándolo con la pistola) ¡Mucho ojo conmigo, chaval, te tengo calao, eh, te tengo calao, y a mí­ el que se me mete entre ceja y ceja mucho ojo! (sigue y sube por el escenario) Seguro que se piensa esconderse entre los invitados a esta boda, seguro. ¡Pues no me se ha de escapar! ¡Como me llamo Romerales! (volviéndose amenazador de nuevo a los espectadores) ¡Y todos ustedes vosotros mucho ojito que os tengo calaos también, eh, ojito que me he quedao con vuestros caretos de tos ustedes! (Se mete la pistola en un bolsillo y se cierra la cazadora de golpe y a lo bestia, y claro, se atiza un pistolazo en sus partes) ¡Cagüen la parabelum esta! ¡esto con el naranjero no pasa! ¡Si es que son un peligro hasta sin disparar! (sale por el foro)

Escena 3

Entran Felipe y Doña Reparación, ambos de tiros largos, ella muy pintada y andando como si pisara huevos, él estirándose de la parte de la bragueta hacia abajo de vez en cuando.

Felipe:
Mamá, que es que me aprieta.

Doña Reparación:
Pero que te aprieta qué, Felipe, hijo.

Felipe:
(Estirándose los bajos del pantalón) De de (mirando a los espectadores como diciendo, de dónde va a ser) de la parte esta.

Doña Reparación:
Pero qué flojos sois los hombres, a mí­ me están matando los zapatos y ¿me ves tú quejarme?

Felipe:
Pero mamá, si no haces otra cosa desde que hemos salido de casa, quejarte. Y andas que pareces una pelí­cula de misterio (se pone a andar de puntillas como subrepticiamente) ¡Ay! (se vuelve a estirar) Me tira esto.

Doña Reparación:
¡Oye, niño, menos cachondeo con tu madre, y menos quejas, que si por ti hubiera sido te casas en vaqueros! (mirando alrededor) Claro que, bien mirado, no habrí­as desentonado con el escenario este ¡mira que hacer la boda en un corral, qué gente, hijo, qué gente! ¿Estás seguro de que quieres casarte? Aún puedes echarte atrás, nos volvemos a casita y tan frescos, que allí­ tenemos aire condicionao.

Felipe:
Corral no, mamá, jardí­n, es un jardí­n. Y por mucho que os empeñéis tú y mi futuro suegro, Letikia y yo pensamos casarnos.

Doña Reparación:
Pero qué jardí­n ni qué jardí­n, si esto era la vaquerí­a de los Conca, el padre de tu suegro, anda que no he venido yo veces a comprar leche aquí­. Bueno, muchas no, porque ya sabí­a to dios que le echaban agua a rí­os. Y no tení­an el letrero este con el nombre de tu novia, poní­a Casa Conca, leches. Pero los parroquianos llamaban a la vaquerí­a esta el Aconcagua, qué llanotes somos en este pueblo.

Felipe:
La boda es aquí­ detrás, en la pérgola, muy bonito, mamá, con un emparrado, ya verás.

Doña Reparación:
Sí­, ya veré, ya veré cómo nos devoran los mosquitos. Pero a quién se le ocurre una boda al aire libre, con estos calores. A mí­ me va a dar algo. ¡Pero en fin, qué no hará una madre por sus hijos! ¡Deja de estirarte que te lo vas a dar de sí­ y luego ya no te va a servir!

Felipe:
(escandalizado) ¡Mamá por dios!

Doña Reparación:
Sí­ hijo, que lo podrí­as llevar para la boda de tu primo dentro de dos meses.

Felipe:
Ah, bueno.

Entran el padre Manolito y Paquito el mónago.

Padre Manolito:
(A Paquito) ¡Qué calor, Paquito, qué calor, nos vamos a derretir con el traje de faena!

Paquito:
Vaya faena, padre Manolito, vaya faena.

Padre Manolito:
(a Felipe y su madre, viéndolos) Ave Marí­a Purí­sima.

Felipe:
Ora pro nobis.

Doña Reparación:
(hablando a la vez que su hijo) Kirie Leison.

Paquito:
(al cura) Estos no me parecen a mí­ muy de iglesia, padre.

Padre Manolito:
(a Paquito) ¿En qué lo has notado? (al novio y su madre) Buenas tardes nos dé Dios.

Doña Reparación:
A ver si le oye y nos manda una buena tormenta. (Aparte) Una gota frí­a de esas que lo arrasan todo.

Felipe:
Mamá, no seas bruta, mujer.

Padre Manolito:
La verdad es que en la iglesia habrí­amos estado más fresquitos, como es de piedra, ya se sabe. (A Felipe) ¿Usted es uno de los contrayentes, verdad?

Doña Reparación:
¿Uno de los? Ah, de los que se casan. Sí­ señor, el novio. Claro.

Felipe:
Claro.

Paquito:
Claro. No va a ser la novia.

Padre Manolito:
(Dándole un coscorrón a Paquito) No seas deslenguado. (a Felipe) Pues venga por aquí­, joven, que quiero hablarle de cosas serias, ahora que va a dar este paso. (A Paquito) Y tú ve a ver qué encuentras para hacer de campanilla ¡mira que dejarte la campanilla en la sacristí­a! Vamos, hale.

Paquito:
(aparte) Unas veces me dice que tengo mucha lengua, y otras me llama deslenguado, pero siempre me atiza el puñetero. (Sale Paquito corriendo por un lado.)

Padre Manolito:
(Se queda mirando el incensario) Que se ha dejado la campanilla, menos mal que del incensario no se ha olvidado. ¿Habrá traí­do el incienso también? Este pillo es capaz (mira dentro) no, veo que sí­ que hay incienso, y bastante, un paquetito entero. Bueno, al menos ahuyentaremos los mosquitos.

Doña Reparación:
(a Felipe) ¿Ves? El cura también ha caí­do en lo de los mosquitos. Pues sí­, padre, usté dele buen mmm (se trabuca) ¡buen inciensazo! a todo, a ver si así­ con la olor no atacan. Venga, padre, cuéntele a este lo que sea, y mientras (poniendo voz acongojada) ¿nos podemos sentar un ratito, verdad?

Felipe:
(Angustiado) ¡Ay, no, madre, sentarnos no! (se estira)

(salen los tres)

Escena 4

(Entran Pastelito y Pichurri haciendo manitas)

Pichurri:
¡Pastelito!

Pastelito:
¡Pichurri! (muy amartelados los dos, muy juntitos, mirándose, pestañeando y suspirando)

Pichurri:
Ven, Pastelito mí­o, aquí­ estaremos tranquilos.

Pastelito:
Ay, sí­, Pichurri mí­o.

Pichurri:
(suspira) ¡Ay!

Pastelito:
¿A dónde?

Entra Don Vespasiano, es el Vespa, vestido con lo primero que ha pillado y una barba de algodón muy mal hecha. Pone voz de abuelete.

Don Vespasiano:
(Aparte) Moros en la costa, tendré que hacer que ahueque el ala la parejita, para llevarme la mercancí­a antes de que caiga por aquí­ otra vez el madero. (A los chicos) Hola, troncos ¿Pasa pues? ¿Qué, dándose el morro, eh?

Pastelito:
(Separándose de golpe de Pichurri, ya que estaban muy juntos, en plan amoroso) ¡Huy, no señor! Que se me habí­a metido una motita en el ojo.

Pichurri:
Sí­, y yo le soplaba.

Don Vespasiano:
Ya, ya, yo también soplo de vez en cuando, tron, (hace gestos de empinar el codo) pero cuida no le vayas a escupir el chicle a la chorba en to’l ojo, tí­o. ¡Jaaaa!

Pichurri:
(Aparte a Pastelito) Pastelito, Pastelito, que este señor me da muy mala espina.

Pastelito:
(Aparte a Pichurri) Sí­, mi amor, fí­jate qué manera de hablar, querrá quitarse años, y cómo viste. (A don Vespasiano) Hola, eh, señor. ¿Usted también viene a la boda?

Pichurri:
Debe de venir de fuera, claro, aunque me parece, no sé, que lo tengo visto de algo.

Don Vespasiano:
¿A mí­? Nanay. Te parecerá.

Pastelito:
Será usted pariente de Felipe ¿verdad?

Don Vespasiano:
Esteeee (disimulando) yoooo pues yo soy el Vespa… el Vespasiano, eso, tí­o, abuelo.

Pastelito:
¡Ves! ¡Tí­o abuelo!

Pichurri:
(Sin saber qué decir) Pues qué bien. (A Pastelito) Podí­a irse y dejarnos un rato a solas, leñe.

Pastelito:
Pues ya ve, aquí­, esperando. Qué bien, eh, que se casan.

Don Vespasiano:
Sí­, una pasada. (Aparte) Estos no se van, mejor me doy un garbeo y vuelvo cuando acaben de meterse mano. (a los chicos) Bueno, que me las piro, beibis, nos vemos y tal. (Sale)

(Entra Doña Fina, que es Romerales disfrazado de abuela, y canta mucho, sobre todo por el bigote, pero lleva un velo negro cubriéndole la cara, y también se tapa todo el rato con el abanico, que sacude de vez en cuando sin darse cuenta de que asoma el bigote; tiene pelos en las piernas, una media caí­da, y el vestido le está pequeño, lleva las tetas postizas, y de vez en cuando se las cambia de sitio y no sabe qué hacer con ellas.. Cuando hable pondrá voz aflautada y chillona, pero alguna vez se le escapará el vozarrón de policí­a. Al entrar se queda mirando al Vespa, que salí­a por el lado contrario y no lo ve llegar, y pone cara de pensar y se toca la barbilla. Se queda mirando a la pareja, que no lo ven al principio, y les oye y se les rí­e un poco)

Pichurrí­:
No, mujer, aquí­. A tu vera, a tu vera, siempre a la verita tuya, siempre a la verita tuya, aunque de pena me muera.

Pastelito:
¡Ay qué cosas me dices! ¡Seguro que eso no se lo ha dicho nunca nadie a nadie!

Doña Fina:
(Interrumpiéndoles guasón) No, hija mí­a, no, seguro que no, segurí­simo que no, en la vida, primera vez que oigo algo así­. Qué bonito y ocurrente, Vamos, qué fantasí­a tiene este chico. Un poeta es, un poeta. (le da un golpecito en la espalda que lo dobla) Con ese piquito que tienes no se te resistirá ninguna, eh, buen mozo.

Pichurri:
(Doliéndose del golpe, aparte) ¡Caray con la anciana!

Pastelito:
Diga usté que sí­, señora, si es que me tiene loquita mi novio. El otro dí­a (se acerca a la vieja en plan confidencial, apartándose del chico) el otro dí­a me dijo que en una orilla apartada, cómo era… la luna brillaba más pura y se respiraba mejor ¡ay, qué labia!

Doña fina:
¡Qué labia! (dándole otro golpe al chico) ¡Poeta, que eres un poeta! (Aparte) A este lo detengo yo por tráfico de versos (le da otro golpe) ¡Poetaaaa! Verás hija mí­a cómo este chico te hace tan feliz con esta labia que tiene.

Pichurri:
Si sobrevivo (doliéndose de los golpes) ¿Y usté es? (a la vieja)

Doña Fina:
Yo soy la abuela

Pichurri:
¿Del novio o de la novia?

Doña Fina:
(hace una pausa antes de contestar) Sí­. (ve que la cosa se pone comprometida y empieza a retirarse. Luego habla con voy muy exagerada de vieja) Bueno, tórtolos, voy a refrescarme un poquito allá dentro.

Pastelito:
Pues yo soy la mejor amiga de Letikia. Ay, qué contenta estoy, espero que me caiga a mí­ el ramo (mirando a Pichurri y pestañeando) Dicen que si coges el ramo de la novia te casas en un año.

Doña Fina:
(Aparte) Ese Vespa ha debido dejar escondido el alijo por aquí­, a ver cómo hago para localizarlo, porque si no, no me sirve de nada pillarlo. (A los chicos) Sean ustedes vosotros buenos, y no hagan manitas. (Se oyen voces) Huy alguien viene, mejor les dejo, que no quiero molestar.

Pichurri:
Descuide usted, señora.

Doña Fina:
(Aparte, saliendo) Sí­, descuide, y en cuanto te descuidas, zas: achuchón. (viendo de reojo quién entra) ¡Toma, la novia, mejor me largo rapidito!

Entran Letikia y Don Fadrique, ella viene con los ojos arrasados de llanto, se le ha corrido el rimel y lleva unos churretes negros, está despeinada y le cuelga el velo por detrás. El vestido de novia parece diseño de Ágata Ruiz de la Prada, y el velo es un plástico de burbujitas. El padrino lleva un florón tremendo en la solapa. Gruñe y parece cabreado.

Letikia:
(Arrojándose a los brazos de Pastelito) ¡Ay niña, ay que me muero, que no me caso, que este es el dí­a más triste de mi vida! (llorando) ¡El dí­a más feliz de mi vida y me lo tienen que arruinar!

(Pastelito la abraza y le da palmaditas, Pichurri asiste atónito a la escena, el padre se tira de los pelos)

Don Fadrique:
¡Brase visto, que no se quiere casar, vamos, que dice que no se casa!

Pichurri:
¿Pero qué ha sucedido?

Don Fadrique:
Esa mujer, que anda por ahí­ diciendo que ha caí­do muy bajo su hijito para casarse con esta (la señala con la mano) ¡Nos ha jodí­o la reina los mares, como si ella y su costillo no hubieran ido por los pueblos con la fragoneta vendiendo perolos, y ahora se las da de señorona! ¡Y que vaya sitio para hacer el bodorrio. El bodorrio, dice, aquí­, en esta casa, la casa señorial de los Conca! ¡Como si no fuera mejor que en la catedral, que nos hemos traí­do al párroco, al monaguillo, y hasta el botafumeiro! (Señala el incensario)

Pastelito:
Mujer, habrá sido broma, que ya sabes tú que la madre de Felipe tiene mucha guasa.

Letikia:
¡Ay no, que hasta me ha dicho que parece que me haya comprado el vestido en el hí­per!

Pastelito:
¡En el hí­per!

Letikia:
¡Y es de Ágazzza, te lo juro que es de Ágazza, y el ramo también, de diseño!

Don Fadrique:
(A Pichurri) Del ramo ha dicho que era un ramo para darse mucho pisto, porque parece eso: un pisto, too verduras. (A Letikia) Pues mira, hija, yo nunca he visto esta boda con buenos ojos; a mí­, entroncar con esa familia ni fu ni fa, y más fu que fa; yo todo lo he hecho por darte gusto. Que no te quieres casar, pues devolvemos las planchas, los candelabros y las figuritas de porcelana y aquí­ paz y después gloria. ¡Novios no te han de faltar! Otras más feas y más tontas han pescado novio (mira fijamente a Pastelito, y luego desplaza su mirada hasta Pichurri), claro que tampoco se pueden elegir prí­ncipes azules.

Entra Paquito con un mortero y un almirez de bronce, corriendo como loco y tocándolo a modo de campanilla.

Paquito:
¡Campanilla habemus!

Don Fadrique:
¡Coñe con el niño percusionista, deja ya de meter bulla!

Letikia:
¡Ay, a mí­ me suena como si tocara a muerto! (llora desconsolada) ¡A muerta en mi caso, y en mi casa!

(Al oí­r el estrépito entran el cura, la madre y el novio)

Doña Reparación:
¡Pero qué fingida y qué facha! (A Felipe) ¿Y con esto querí­as tú casarte? Si parece que la vista el sastre de los Lunnis.

Felipe:
¡Mamá, por dios, no digas esas cosas!

Don Fadrique:
¡Señora, o lo que sea, a ver si vamos a tener el divorcio en paz (amenazante) o no respondo de mí­!

Doña Reparación:
¡Mira! la coliflor que faltaba en el ramo es porque la lleva este señor aquí­ (señalando la flor de la solapa del padrino)

(Se enfrentan como para combatir los dos padrinos mientras Felipe sujeta a su madre y Pichurri a don Fadrique. Interviene el cura, que escuchaba atónito)

Padre Manolito:
¡Detente Abraham! ¡Haya paz! ¡Hermanos, hermanos cesad en la violencia! ¡Por Dios, señora, caballero, por Dios! (no le hacen caso y siguen queriendo reñir los padrinos, el cura se mete en medio y grita con rotundidad) ¡Stop! (Se separan los contendientes, extrañados por stop del cura y este aprovecha para meterse entre los dos y separarlos con sus manos) Sin duda todo se debe a un malentendido, los niños están enamorados, y todos, pero todos, van a venirse ahora mismo conmigo, se van a arrodillar y van a rezar, a serenarse y a recobrar la compostura (se revuelven los padrinos como queriendo volver a enzarzarse) ¡O les atizo con la porra esta y los calmo hasta mañana de un cachiporrazo! (levantando el almirez) ¡Venga, desfilando todos, Paquito, empújame a esos, que no se queden solos aquí­ (por los novios. Van el cura y el mónago empujando a todos y salen. Entra Don Vespasiano, que estaba asomando por el otro lado a ver qué pasaba. Cuando salen todos y entra Don Vespasiano, vuelve a entrar el Padre Manolito oliendo el almirez) ¡Có…rcholis, esta campanilla apesta a ajos! ¡Paquito, esto jiede! (sale)

Don Vespasiano:
(Dirigiéndose hacia el incensario y cogiéndolo por arriba) ¡Esta es la mí­a, al fin recupero el alijo! (Cuando lo tiene cogido, aparece Doña Fina, se le acerca y se le queda mirando, El Vespa, parece reconocerla y se sube la barba para taparse bien la cara, al tiempo que le ofrece a Doña Fina el incensario, como disimulando y haciéndose el viejo chocho) Eeeeeh ¿es suyo este pendiente, señora?

Doña Fina:
(sin saber qué decir al principio, por la salida tan tonta de lo del pendiente, y levantando los ojos al cielo como diciendo, qué paciencia, y sacando el pistolón del bolso y enseñándoselo bien) No, es este (amenazante y enchufándole el cañón en la nariz) ¿Quieres verlo más de cerca?

Entra el padre Manolito seguido por Paquito, que vení­a a por el incensario, y se queda horrorizado de ver a dos ancianos enfrentados y con una pistola, le arrebata el incensario al Vespa, y la pistola, en un descuido a Romerales, que no se lo esperaba y los empuja a los dos hasta salir fuera.

Padre Manolito:
¡Santo Dios, pero qué es esto, señores, señores, a su edad y con comportamientos rufianescos y mafiosos, parece mentira! Ahora mismo se me vienen con el resto de sus familias hasta que aclaremos esto. ¡Venga, chitón, p’afuera, son muy graves sus acciones y habrán de pedir perdón por ellas! ¡Paquito, enchufa el incensario y me inciensas bien a todos mientras yo rezo, a ver si oliendo a iglesia les entra la cordura y el cristianismo a esta panda de bárbaros! (dirigiéndose a los espectadores) Anda, que vaya pueblo me ha tocado en suerte, menudos bestias. Pero dale abundante incienso, así­ de paso quitamos el olor a ajo de la dichosa campanilla y espantamos los mosquitos. (al Vespa y a Romerales, apuntándoles con la pistola sin darse cuenta, pero los otros muertos de miedo) ¡Vamos, andando! (salen)

Paquito:
¡Qué pesao, le voy a meter t’ol paquete incienso, leche, a ver si se assfisia! (sale)

Cae el telón

Epí­logo

Al levantarse el telón se oye una música estridente, un merengue, salsa o algo así­, y van entrando todos los personajes, hechos una facha, todos con las ropas descolocadas como después de una gran juerga. La madre lleva los zapatos colgando del cuello. Don Fadrique va desabrochado, con un puro tremendo en la oreja, y una botella en la mano, de la que bebe a veces con la madre, llevan los dos una buena tajada, además de ir colocados, como el resto. El Vespa, ya sin barba, y romerales sin velo y con las tetas postizas en la mano van el uno con el brazo sobre el hombro del otro. Pastelito lleva el velo de la novia y va abrazada a Pichurri, que lleva la barbilla sobre el hombro de Pastelito, como si necesitara sujetarse la cabeza. Letikia y Felipe entran bailando y tarareando a voz en cuello el Danubio azul. El novio va en calzoncillos y lleva los pantalones anudados alrededor de la cintura, Letikia va en camiseta. El primero en entrar es Paquito, con el incensario desprendiendo humo a troche y moche, y cantando la cucaracha y dando pasitos atrás y adelante, y el último es el cura, borracho perdido y con la pistola en la mano, cogida del cañón, bendiciendo a todo el mundo con ella como si fuera un hisopo. Hablan todos arrastrando las sí­labas como borrachos y farfullando, trastabillan, no se tienen tiesos y parecen muy idos del coco.

El Vespa:
(A Romerales) Romerales, no sabí­a yo que la bofia tuviera su corazoncito.

Romerales:
(Al Vespa) Tienes que ser bueno, Vespa, tienes que ser bueno, como hoy, que has sido muy bueno, sigue así­ y te llamarán el Járley Dávidson. ¡Jaaaaa!

El Vespa:
(Besando en la frente a Romerales) Madero, te quiero. Te quiero, madero.

Don Fadrique:
(A doña Reparación, a la que se está camelando) ¡Reeeepaaaa! Chica, estás que arrasas, pareces una bailaora gitana así­ descalcita.

Doña Reparación:
(a Fadrique) ¡Zalamero! ¡Quita allá esas manos, manoslargas! (haciéndose la interesante) ¡Que somos consuegros, Conca, ay la leche! ¡A ver si ahora que soy consuegra del Conca el de la lecherí­a le voy a tener que dar yo una leche! (se rí­en los dos)

Don Fadrique:
¡Dame lo que quieras, reina mora! ¡Si hasta me has dao un hijo! (señalando a Felipe) ¡Por mí­ como si me quieres dar más! (le atiza un codazo y se rí­en los dos de su procacidad) ¡Y qué buen mozo! ¡Tení­as razón, en tu familia sois muy elegantes!

Doña Reparación:
¡Para eleganta la niña, que con cualquier cosita está que parece una barbi! ¡Consuegroooo! (Lo de consuegro lo dice imitando al de cuñaoooo, siguen riéndose, y abrazándose)

Letikia:
(Bailando borrachita y mareada) Eeeeeres tú el prí­nsipe asul que yo soñeeeeeeé. (con la música de Disney) ¡Guapo! ¡Cachas! ¡Marí­o!

Felipe:
¡Chati, ¿Y el viaje de novios!

Letikia:
¡Eso, vaya viaje de novios!

Felipe:
¡Vaya novios de viaje!

Letikia:
¡Vaya viaje llevamos! (se rí­e)

Felipe:
¡No te rí­as que se te corre el rimel! ¡Ay que me he casao con un panda!

Pichurri:
(A Pastelito, con los ojos cerrados y trompa perdido) Pastelito, qué buena mujer eres, qué rica. Te voy a ascender.

Pastelito:
(a Pichurri) ¿Me vas a ascender?

Pichurri:
¡Te asciendo! Desde ahora eres pastelón, bracito de gitano (hace ademán de comerle el brazo) ¡Taaaaarrrrrta!

Pastelito:
¡Pichuuuurri! Pues yo también te mmm mira, mejor no te asciendo (se rí­e) que igual no queda decente. ¡Jaaaaaaaaa!

Padre Manolito:
(Bendiciendo a los personajes y a los espectadores, tajada perdido, con el pistolón) In sécula seculorum dóminus boviscum qui tolis bocata mundi. Amen. Amen, Amen mucho. Pero amen dentro del sagrado ví­nculo del matrimoño. ¡Como Dios y Parabelum mandan! Me voy a comprar un trabuco y voy a jubilar la campanilla. ¡Paquito, de ahora en adelante, en vez de campanilla pegas un tiro! (Van saliendo todos, menos el cura que se queda rezagado mirando el cartel) Vi- i- lla Le-ti-kia. Villa Letikia. Letikia Conca. ¡Conca! ¡Con kaaaa! (cae en el chiste y se parte de risa, luego sale, se le oye gritar desde fuera) ¡Letikia Concaaaaa! (se oye un disparo y entran todos los personajes en tromba huyendo y salen por el otro lado, seguidos del cura con la pistola en la mano que va diciendo) ¡Que ha sido sin querer, que le he dado a la lámpara, si es que el diablo las carga! (sale tras los otros)

Baja, definitivamente, el telón.
Tomás Galindo ®

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