Historias tontas XI – Coches y cortinas


Paula y Roberto o Roberto y Paula, que tanto monta, son una pareja de amigos nuestros, buenas personas, formales y simpáticos. Llevan años ya viviendo juntos y por fin parece que piensan formalizar su relación. No es que se vayan a casar, se ve que eso del papeleo es lo de menos, pero han hecho un esfuerzo económico, se ve que tení­an unos ahorros, y han cambiado de casa; se han ido a vivir a un piso de alquiler amplio y en un buen barrio; bueno, en realidad aún no se han ido, primero lo están arreglando y amueblando, luego se irán. Y también piensan cambiar de coche, ya que el barrio queda lejos de donde trabajan.
Paula y Roberto son dos personas modernas, de este siglo, sin complejos y sin tonterí­as, que pasan de la lucha de sexos y se reparten las tareas de casa. Los dos son buenos profesionales, tienen treinta y tantos años, ganan un sueldo algo
mejor que la media y si les preguntas por los hijos te contestan que cuando se vean en su nueva vida en el piso nuevo se lo comenzarán a pensar, pero que no han hecho planes y tampoco les atormenta esa frase tan horrorosa de que se les pueda pasar el arroz.
Tanto monta, monta tanto, ya digo, Roberto y Paula lo deciden todo a dúo y no se tienen adjudicado un papel por razón de su sexo, los dos friegan el baño cuando les toca, bajan la basura o pliegan bragas y calzoncillos.
– No os creáis que todas las parejas son como vosotros – les digo – Lo normal es que la mujer cocine y el marido arregle el grifo que gotea y esas cosas de hombres.
– Pero se cocina cada dí­a, y en cambio las cosas de hombres como cambiar fusibles y arreglar grifos sólo pasan de vez en cuando – me aclara Roberto – Además, yo cocino mejor que Paula.
– Cierto – dice ésta – tiene muy buena mano cocinando, yo no sé cocinar, o me salen las cosas crudas, o las quemo, o sosas o con un kilo de sal. Hay quien nace cocinera, pero yo no tengo ese talento. Eso sí­, si hay que pintar una pared me las apaño mejor que Roberto, ya ves. Como ves, con nosotros no van los roles sexuales.
Cuando me dijo esto asentí­, pero al momento me asaltó la duda ¿era realmente así­? ¿Es posible que una pareja llegue totalmente a vencer tantos siglos de historia, tantos siglos de división sexual?
– Te oigo, Paula, pero no acabo de creérmelo, qué quieres que te diga. Algún fallo ha de tener tu posición por algún lado ¡no vais a ser los únicos!
– Vale, pues como tú digas, pero así­ es – terció Roberto –
– ¿Seguro? – insistí­. Y mientras lo estaba preguntando se me ocurrió una maliciosa idea – Ahora que estáis poniendo el piso nuevo, y que os vais a comprar el coche, decidme ¿va Paula a elegir el coche y Roberto a elegir cortinas y visillos?
Se echaron a reir los dos, se miraron, se tomaron de la mano mirándose con cara enamorada y casi se interrumpieron en uno al otro para decir ambos lo mismo.
– Pues mira, no lo habí­amos pensado, pero por qué no.
Y ya dialogando entre ellos así­ quedaron.
– Venga – dijo Paula – yo voy mañana a mirar lo del coche.
– Y yo me paso por la tienda esa que nos gustó y elijo las cortinas.
Y todos nos reimos mucho, y cenamos y charlamos y se fueron los dos cogidos de la mano.
Pasó bastante tiempo hasta que los volví­ a encontrar, por separado, aunque con pocos dí­as de diferencia. A Roberto lo vi con una chica guapita, con carita de sonsa, como de veintipocos años.
– Chico, no nos iba bien, ya ves, fue irnos a ese piso y empezar los malos rollos, y de un dí­a para otro cada uno por su lado. Me alegro, porque así­ conocí­ a Julia y nos va muy bien.
– ¿Pero qué pasó pues? Se os veí­a muy unidos.
– Tuvimos una buena por culpa de las compras que hicimos. Por lo visto no tengo gusto para las cortinas, ni para el tapizado del sofá, ni para la lámpara del comedor, ni para la alfombra del baño, ni para la cortina de la ducha, que por lo visto no puede tener delfines saltando.
– ¿En serio me dices todo eso?
– Que qué manera de tirar el dinero, me dijo ¡como si ella no hubiera tirado mucho más comprando un Citroen Furio
– ¡Hostia! ¿Un furio compró? – dije estremecido –
– Color verde amarillento bilis además, aunque esto es lo de menos cuando te dicen que uno compra las cortinas de color azul bolsa de basura.
– Qué fuerte, así­ ya te comprendo, tienes motivos, tienes motivos. En fin que te vaya bien con Julia, parece muy maja.
– En la cama he ganado mucho – me confesó en un aparte Roberto – nunca le duele nada ni tiene jaqueca ni estrés, ni está pidiendo a gritos unos implantes mamarios.
En eso tení­a mucha razón observé mientras me despedí­a de ambos.
Un par de dí­as después vi a Paula, iba del brazo de un señor bastante mayor que ella, rozarí­a la cincuentena, aunque de buen ver, con chaqueta azul marinera y polo rojo, y atractivas canas en las sienes. Se acercaron a un Audi A5 negro, él le abrió la puerta y ella entró y se perdieron entre el tráfico.
Qué cosas..

11 comments for “Historias tontas XI – Coches y cortinas

  1. Ashiku
    4/5/2008 at 8:50 pm

    Pero en realidad todo puede funcionar, cambios de roles, poco sexo … todo si hay amor y acuerdo.
    Sin amor, es demorar al cuete el momento del adiós.

  2. 7/5/2008 at 11:06 pm

    La actitud más prudente que se puede asumir ante los cambios revolucionarios es la prudencia. No es que todo vaya a seguir igual por los siglos de los siglos pero ha de haber buenas razones que explican el hecho de que las cosas funcionen de cierto modo durante tanto tiempo.
    Un hombre que elige cortinas y lo hace bien o es decorador y vive de eso o es llanamente maricón. Una mujer eligiendo auto es una desgracia para el sistema.
    Saludos Oz (suena como si repitiera la última sí­laba pero ya ves que no)

  3. AShiku
    13/5/2008 at 7:38 pm

    ¿La actitud más prudente es la prudencia?
    ¿Cuántos años en los claustros te llevó a emitir esta conclusión, Pablí­n, tesoro?

    (Espero que seas “mi” amigo Pablo, porque si estoy gastando a otro me parece que voy a terminar mallll, muy malllllllll, jijijijijijijiji)

  4. 14/5/2008 at 2:43 am

    yo estoy tratando de cambiar un llavero por un carro.

    http://monterreyqueondaguey.wordpress.com

  5. Luisa
    14/5/2008 at 5:56 pm

    ¿Quién salió ganando? el tipo con la chica guapita, con cara de sonsa y de veintipocos años o la que va en el Audi…mmmmm….definitivamente Un Audi, es un audi…
    Y Pablo (espero que sea “nuestro” amigo Pablo)…¿tú si que no rompes los esterotipos nene…mira que decir que un hombre que no es decorador ni se gana la vida eligiendo cortinas sea marica, (sencillamente puede tener buen gusto?) y una mujer eligiendo auto es una desgracia para el sistema…los solemos escoger muy bien, ése es el problema…el problema para el sistema ES cuando se ponen a manejar (allí­ si soy machista a morir, manejan pal carajo, yo no cuento, porque yo manejo de poca madre, dicho sea con modestia y bastante orgullo) (cualquiera que me oyera, pensarí­a que soy tortillera,jijiji)
    en fin….

  6. Pablo
    14/5/2008 at 7:26 pm

    Si Ashi, conocés una actitud más prudente? Sólo la cautela le va apenas en zaga.
    (Cómo me voy a divertir cuando abras tu blog)

  7. Pablo
    14/5/2008 at 7:28 pm

    Sí­ Luisa, toda regla es un subóptimo pero de 100 casos es muy probable que se cumpla en un 75% o más.

  8. Luisa
    15/5/2008 at 7:52 am

    un sub quéeeeá

  9. Ashiku
    15/5/2008 at 8:23 pm

    La actitud prudente es retirarse, en este caso.

    Permiiiiiiiiiiiiso

  10. Luisa
    16/5/2008 at 5:25 pm

    Ahhh no fuyas cobarde!!!!!!!!

  11. Luisa
    16/5/2008 at 5:25 pm

    porqué cuernos salen esas dos crucesitas en el cosito éseá? con este, ya van dos mensajes que salen así­…

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