Categoría: Poemas

En la vena

méteteme en la vena vida mí­a
y seguiré tus sendas interiores
mezclándome arrobado con tu plasma
para besarte hí­gado y riñones
viajar con el vaivén de tus latidos
contemplar la raí­z de tus cabellos
fundirme con tus jugos digestivos
y que me atrape al fin tu duodeno
iré de tus talones a tu nuca
desde tu brazo izquierdo hasta el derecho
parándome moroso por tus muslos
dejándome amasar entre tus dedos
quiero ver por dentro de tus ojos
oí­r cómo te cruje cada hueso
buscar en tus humores y fluí­dos
para poder bañarme entre tus huecos
buscar entre tus pliegues corticales
algo que hable de ti algún recuerdo
grabar en tus neuronas y meninges
un corazón que diga que te quiero
ir a tomar el sol en tu epidermis
surcar tu corazón en el silencio
emocionado de que es tu corazón
de que es tu corazón inmenso
atravesar la carótida la cava
aorta yugular y luego
aventurarme en los pequeños capilares
que encienden el rubor de nuestros besos
perderme sí­ y no buscarme
en lo más femenino de tu seno
andarme de puntillas tus ovarios
abandonarme a lo suave de tu útero
respirar el aire en tus pulmones
vibrar en los bronquios con tu viento
beber en tus glándulas lacrimales
columpiarme en tu suave pestañeo
que de tan junto a ti que quiero estar
quiero meterme en tu cuerpo
abandonar este mundo
que tú seas mi universo
y formar parte de ti
viviéndoteme por dentro
y cuando te mueras yo
no te dejaré que luego
seré el gusano que empiece
a comerte por el sexo
Tomás Galindo ®

Mal pagan los poetas

La rosa blanca que plantó el poeta
se supo viva, única, preciosa,
y no se conformó con ser la rosa
que ve pasar la vida en su maceta.
El poeta le dijo estate quieta
porque yo te hice flor, no mariposa,
que tú eres la belleza que reposa
y la quietud te enmarca y te completa.
Y fue la bella que reinó un momento
un asombro de gracia y hermosura.
Luego se marchitó. Con un lamento
se desmontó su linda arquitectura
y sin mostrar ningún remordimiento
el poeta la echó, sin más, a la basura.

  T.Galindo ©

Invento de día

Así me invente yo un día sobre todos,
un día que antes de amanecido ya tercamente brille,
un día capaz de abrir las puertas y, saliendo,
riegue las calles y corra las cortinas.
Un día miércoles que huela a buen domingo,
a feriado con banda y farolillos,
un día tonto para matar el tiempo
con amigos, con cháchara, de paseo,
que me cante el agua bajo el puente
y la chicharra bajo los geranios
y cuando mire al cielo, pajarillos
escriban amor allá en lo alto
y llevando del brazo a la más bella.
Así me invente un día que me huela
a buñuelo y limón, hierba cortada,
a ti cuando despiertas,
a después de la lluvia junto al río.
Un día colosal con un letrero
que señale el camino luminoso
por donde van los niños correteando
con los ojos enormes y redondos
y el corazón tocando sus tambores.
Un día de campanas y mugidos,
de gallos sin reloj a media tarde,
de mujeres cantando en la azotea
y de chiquillo que reclama teta.
Un día inventaré que sea redondo
como un mundo sin espinas,
donde manden los ceros a la izquierda
y levanten estatuas a los sueños.

    T.G.