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Gracias señor Levi Strauss

Acabo de acordarme de que hace como cuarenta años que me compré este jersey en el Corte Inglés de la Plaça de Catalunya. Y ahí está, tras mil lavados y muchísmo uso, como el primer día… ¡yo también!  Sí, sí, cuarenta, o más.

Mi amada va ligera


Mi amada va ligera de camisa,
qué milagro la seda que la enmarca,
cómo sabe volar y descubrirse
y entrever la otra seda de su pecho.
Qué hábil el viento cuando ofrece
la línea de la piel, el botón rosa,
los hoyuelos que enmarca la cadera
y la fuente que mana carne viva
bajo la línea invisible que la cincha.
Oh, muslos, oh, nalgas, oh, cintura,
qué milimétrica suma de contentos,
qué músculo flotante, qué abertura
a la luz de los balcones, qué logro
en la exacta medida de las piernas.
Es un baile en silencio cuando pasa,
con la camisa que casi no la viste,
es más una pirueta de colores
con que pintar su paso, su carrera,
con que enseñar su alegre contoneo,
porque requiere la entrega que haya algo
de lo que desnudarse aun cuando esté desnuda.
Tomás Galindo ©

Encina milenaria de Lecina

Sí, lo reconozco, no soy de los que van de aquí a la esquina para visitar una catedral o un monumento, pero para ver un árbol como este que hay en Lecina, en la oscense sierra de Guara, sí que voy gustoso. El zorrito fue una sorpresa con la que nos topamos a la salida, andaba cazando y no nos hizo ningún caso.