Desconocidos amigos.

Andaba yo echando un vistazo, como todos o casi todos los dí­as, por los enlaces esos que tengo puestos a la derecha, los blogs que suelo visitar, ydejando aparte a mi Manuela, que está atinadamente resucitando su blog, y que la tengo aquí­ al lado mientras escribo estas lí­neas, me doy cuenta de que, aunque no los conozco («las», que son todo mujeres), mantengo con ellas un ví­nculo que, si no encaja en la definición que hace el diccionario de la amistad, es porque habrí­a redefinirla. Me gusta mucho ir cada dí­a a leerlas, me alegra, me entristece a veces, y me afecta siempre de un modo un otro.

Está Suigéneris, la encantadora Sui, que anda de mudanza. De mudanza de casa, ojo, y se la echa de menos. Sui tiene una bonita voz y canta y es alegre y se preocupa por personas en quienes otros apenas reparamos, pero ella las tiene siempre bien presentes. Gusta de poner en su blog las noticias más sorprendentes y de vincularlas a lo cotidiano. Si uno fuera extraterrestre, verde y con antenas, harí­a muy bien en dirigirse a Sui al llegar a este mundo, para hacerse una idea de la realidad, y que no lo trataran como a un bicho raro.

Tt, ah… Tt… (con quien tengo una deuda de honor) es una mujer admirable. Una de esas personas que hacen que el mundo siga funcionando. Detrás de sus manos de madre tiene unas de artista, de poeta, de escritora. Es una mujer con muchas manos, las necesita todas y más para solucionar su dí­a a dí­a, y para sacar ese minuto que le permita soñar y vivir. Y enseñar. Enseñará bien, que es mucho decir en alguien. (Además está buena ¡tení­a que decirlo!)

Su es una filósofa de hipermercado (que son las fetén), ex-reponedora, parada expectante, escritora algo más que vocacional, y va por la vida como un corcho en una catarata. El dí­a que esta chica se fije una meta material habrá un terremoto en Asturias que se joderá la escala Richter. Mientras tanto nos deja escritos tremendos y acojonantes impropios de una criaja, espesos, hondos, crudos, sinceros. Tiene un mérito poco agradecido: el de saber hacer pensar.

Que el mundo fue y será una porquerí­a ya lo sé, pero gracias a Chirusa se va aliviando. Es lo que tiene la buena gente, que alivia mucho. Chirusa es una mujer marcada: madre, profesional y argentina ¡Hostia! Eso tiene que dar mucho de sí­ cuando además se saben decir las cosas clarito clarito y con elegancia. Me gusta esta mujer con quien comparto, además, un desusado gusto musical y un cierto amor por el exabrupto bien colocado.

Pero si por alguien siento un cariño especial es por la niña Candy, que es un sol de mujer y de persona. Entrar en su blog es entrar en una casa de alegrí­a. Todos esos colorines los tiene en su personalidad y los transmite. Aunque no seas mexicano si lees a Candy enseguida sabras qué es «buena onda». Candy es buena, y eso para mí­ sigue siendo lo más importante en alguien. Ella además lo sabe transmitir con simpatí­a y generosidad. Queremos contratarla para que venga a nuestra boda a cantarse el repertorio de Estela Raval con los Cinco Latinos.

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