La noche entre tus manos

 

La noche entre tus manos, qué de nardos,
qué sábanas de lava, cómo el gesto
del cabello a la luz y la ventana
revuelo de palomas ateridas,
la calle y su canción, cacofonías
de viento en las acacias, dulcemente
el ámbar de la gota en la mejilla
saladamente ungida, y en los párpados
temblores exquisitos. Te recojo
en un pañuelo, te recorro, busco
las hirvientes laderas de espumosas
fontanas manando vientre abajo,
vorágine del centro de las cosas,
vorágine del centro de las rosas,
un aleteo, un pulso, un pestañeo,
afirman las presencias, el contacto
gravitacional, somos dos planetas
girando satélites, dos cuerpos
celestes, que colisionan lentos
en un cielo tan blanco, tan süave.
Es un segundo apenas, un segundo,
es un blando big bang, una callada
tormenta azul de mansos alacranes
y vuelve y va y suspira y aún viene
marítima bonanza, olas sedosas,
saltarines delfines de los pechos,
y todo bajo el agua, submarino,
es otro mundo sin ruidos ni fronteras,
huída e inmersión, prófugos somos
del balcón, la puerta, la escalera,
con los ojos cerrados, con la boca
aspirando los vientos de otra boca,
entre peces y algas y almohadones
húmedos de sudor, saliva, sal
derramada del cuerpo y a los mares
que somos, pues somos mares también.

Las manos ya quietas, el suave viento
no suena ya las hojas, apagados
los ruidos se diluyen en lo oscuro,
la calma son dos pies entrelazados,
y la respiración de los cachorros.
La vida fue hasta aquí, llegó otra cosa
y nadie sabe qué. Luego amanece.

Tomás Galindo ©

Sujetos perdidos

He encontrado un hombre perdido en la calle,
lo llevo a la oficina de sujetos perdidos.
Creí que se trataba de algo extraordinario
y no. Hay muchos. A este lo han puesto
en la estantería de recientes,
se ve que conforme pasa el tiempo
es más difícil que los recuperen
y los van echando para atrás.
Hay una para jubilados con petanca,
está la de abuelas cuyos nietos crecieron,
otra de padres de familia que, por lo visto,
no reconocen a su familia cuando se sientan a comer,
o la de madres arrepentidas.
Este hombre solo soltaba alguna lagrimita,
se le ve discreto y limpio y con corbata.
Nunca he entendido cómo la gente
puede dejarse personas así olvidadas en mitad de la calle
¡otros para sí los quisieran!
Estaba prácticamente a estrenar.
¿Sabes que te dan un recibo?

T. Galindo ©

si sabe a mar tu piel

si sabe a mar tu piel a mar tu boca
mediterráneo afán de mis sentidos
si tienes oleajes escondidos
y mareas debajo de la ropa
si nunca de unos pechos florecidos
hubo noticia en las viajeras algas
ni asomaron dos islas como nalgas
su esférico horizonte estremecido
nunca se vieron por aquí­ corales
igual que tus pezones encendidos
ni hubo faros de luz esclarecidos
como alumbran tus ojos a raudales
dónde supieron muslos el ser peces
dónde se harí­a anguila tu cintura
dónde aprendió la sal a dar dulzura
dónde te vuelves ola algunas veces
que vienes y que vas y zarandeas
mi corazón en tierna singladura
siempre atracado a ti con la segura
protección de tu seno en las mareas
calma ensenada donde el alma arribo
bahí­a en la que el corazón fondeo
es tu abrazo de océano y deseo
la sola compañí­a que recibo
oh lí­quida mujer de espuma y onda
si de las caracolas los sonidos
devuelven el rumor de tus latidos
si no vuela gaviota que responda
a la brisa marina más airosa
que tu melena al viento que levanta
cuando el levante canta que te canta
a la palmera vuelve rumorosa
así­ te quiero amor no silenciosa
como suena la mar en la rompiente
siempre la misma voz y diferente
así­ te quiero amor esplendorosa
relumbrando con brillo de delfines
enjoyada de perlas y de escamas
te proclamas sirena y te proclamas
hermana de los peces saltarines
te pintan en el cuerpo su acuarela
los azules los verdes y los blancos
se borda el horizonte en una vela
rasea el alcatraz vuela que vuela
y en el fondo galopan hipocampos

Tomás Galindo ®