Cuál es mi parte

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cuál es mi parte en toda esta tragedia
se apagan las luces no llegamos
la gente en los mercados sin paisaje
y los árboles oasis de sí mismos
todo es asfalto
ya no hay rejas ¿te has fijado?
una luna tras otra en los espejos
que miran hacia atrás hacia al peligro
ya nos apresuramos más en el asiento
que en pie y en figura de hombre
te falta un añadido una máquina
motores y conexiones la noticia
que es parte de ti como el aliento
el mundo es más pequeño y fácil de poseer
los grandes y predecibles horizontes
los mapas sin espacios en blanco
nos comieron la imaginación
como un mar que muerde las orillas
es tanto resbalar hacia la inercia
una caída blanda inconsistente
cerrar los ojos y tomar el opio dulcísimo del sueño
vivir en los rectos jardines ciudadanos
entre líneas en el suelo y señales de tráfico
el verde es esperanza veinticuatro segundos
el rojo dice para para para
siempre viajando en tiovivo
siempre tripulación
llegar a las fábricas
llegar a las escuelas
llegar de las cuadradas colmenas de extrarradio
romería con vírgenes de trapo
soñolientas y trémulas muchachas
que despiertan al día en los vagones
viajar en el sopor de la inconsciencia
llegar sin recuerdo de los viajes
vivir la adoración de dioses viejos
que se caen de viejos de sus aras
y les ponen andamios de mentira
les visten a la moda y maquillados
vuelven al resplandor de los ídolos
postiza falsedad que nos acoges
cuánto te necesitamos
cuál es mi parte digo en la impostura
cuánto hay en mí planificado
qué puertas no he abierto a los quizá abiertos verdes campos ensoñados
qué desiertos hambres sufrimientos
presumo en el libre albedrío de la margen
qué cobardía llevo en el bolsillo
mas líbranos del mal amén
dar media vuelta y dormir y dormir y dormir
añoro es un decir
la edad de los esclavos
sabiendo a qué atenerte
peractum est
y el hierro candente certifica que eres carne
en el horror
de
conocerte
TG.

Cuando sucedes tú

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cuando sucedes tú alzan persianas
sucedes en la noche y la ventana
se perla con estrellas displicentes
cantando en su nocturna nana
cómo te miro sorprendido y tenso
sucede en la mañana un nirvana
una lenta explosión de palomares
un descender al mundo desde el lecho
por claros toboganes luminosos
abriéndose las bocas de las nubes
sucede que tu andar es paralelo
al ambulante curso de los ríos
sucede que tu boca tiene vahos
que te tienden al fresco los suspiros
sucede que el camino se hace recto
piramidal en punta circunflejo
con el punto de fuga donde juntas
los dos melocotones de tu seno
así vas sucediéndote en mis horas
veinticuatro postales desde el gozo
para el álbum de todas las dulzuras
que desde la distancia colecciono
sucede que aterriza el mediodía
comiéndose las sombras de la plaza
y un tendido de sol sobre tu escote
vuelve redondas todas las miradas
y das calor como los niños chicos
como gato dormido en una falda
ese calor que cuece las espigas
y al amor de su lumbre las levanta
que no rompe las rocas que no quema
tiene menos de fuego y más de agua
de los prados lentísima y templada
y apenas muere el día sucediste
si aviso banderas ni campanas
diáfana sutil embriagadora
con cotidianeidad maravillosa
abriéndome la boca a tus milagros
perpetuando la magia de las cosas
llenándome de hadas los jardines
devolviendo balcones a las rosas
con un gesto sencillo e inocente
como sin darte cuenta del portento
vienes a suceder sobre la vida
con la varita mágica del tiempo
abrevando en el surco las raíces
sosteniendo las aves en el cielo
tú que pintas las mieses de amarillo
tú que me abres los ojos al consuelo
TG.

Mi amada va ligera

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Mi amada va ligera de camisa,
qué milagro la seda que la enmarca,
cómo sabe volar y descubrirse
y entrever la otra seda de su pecho.
Qué hábil el viento cuando ofrece
la línea de la piel, el botón rosa,
los hoyuelos que enmarca la cadera
y la fuente que mana carne viva
bajo la línea invisible que la cincha.
Oh, muslos, oh, nalgas, oh, cintura,
qué milimétrica suma de contentos,
qué músculo flotante, qué abertura
a la luz de los balcones, qué logro
en la exacta medida de las piernas.
Es un baile en silencio cuando pasa,
con la camisa que casi no la viste,
es más una pirueta de colores
con que pintar su paso, su carrera,
con que enseñar su alegre contoneo,
porque requiere la entrega que haya algo
de lo que desnudarse aun cuando esté desnuda.
TG.

No dejes el amor en la ventana,

Ventana florida

No dejes el amor en la ventana,
mira que tiene alas.
No lo dejes tampoco destapado
mira que se evapora.
No dejes el amor a la intemperie
porque se hiela y muere.
Ni lo arrimes tanto a la lumbre
que se queme.
Qué delicado el amor, por cualquier cosa
se marchita, se aja, se acatarra,
tiene mala salud,
un vientecillo acaba con su vida.
Al amor le va bien el ejercicio,
salir al campo, ver correr el río,
usar de sus riberas como lecho
y copular discutiendo si las nubes
tienen forma de oveja o de zapato.
Dale bien de comer, comer de todo,
que coma cuerpo amado y beba mucho
del zumo que destila y que te embriaga
(por la boca se curan los amores).
Y si ves que aun así tu amor se muere,
se va haciendo chiquito como un punto,
aún te queda la opción desesperada
de dar tu corazón a quien lo quiera,
que lo use y lo disfrute, que la vida
es una suma de segundas oportunidades.
Y terceras.
TG.

Yo tengo una rodaja de limón

Aste Nagusia 2013 Semana Grande - Bilbao
Yo tengo una rodaja de limón
en un vaso de ginebra
y unos muslos oscuros que me abrigan
al fondo de la noche turbulenta.
Y tuve la lúcida conciencia de no ser
un caminante más de las aceras
las madrugadas agrias y amarillas,
frías, despobladas, soñolientas.
Tuve una vez los ojos de un cachorro,
sonrisa de muñeca,
libros debajo el brazo, talismanes,
contra la indiferencia,
ideas, ideas, tuve ideas.
Ideas golpeando las ventanas,
rompiendo los cristales como piedras,
ideas explotando como pompas
de jabón en mi cabeza,
ideas explotando como bombas
de lenta, lentísima espoleta,
que arrasaron por dentro de mis venas
los cinco litros de sangre que me tocan.
Mi cuerpo aún se quema.
Tuve una lucha que dicen que he ganado,
y el planeta entero lo festeja,
hay luces, música, espectáculo,
vírgenes bailando en las cunetas,
alegría en las caras de las gentes.
Y sólo hay caras, fachadas, marionetas,
títeres felices con las cuerdas
más largas de la historia. ¿Quién recuerda
palabras verdaderas?
¿Quién sabría reconocerlas?
Tuve una vez instinto animal, quién fuera
animal violentamente simple,
quién fuera otra vez guerrero con espada,
quién fuera blanco contra negro,
piedra contra piedra,
quién fuera cruzado contra quien fuera,
quién fuera el enemigo y distinguiera,
el uniforme gris de su bandera,
quién tuviera tan claro como tuve,
en otro cuerpo, en otro mundo, en otra era,
lo maligno que enfrente me retaba
con su cara de vieja
puta pintarrajeada, de diablo, de moderna
niña maquillada, feliz y satisfecha.
Tuve una vez conciencia de lo inútil
de cantar a capella
entre ruidos de cláxones y ruidos
de fanfarrias, de himnos, de trompetas
anunciando el triunfo de los triunfos,
la derrota de todas las penas,
y los aplausos del coro de admitidos
a la derecha
del padre en las alturas. Amén. Así sea.
Hoy tengo una rodaja de limón
en el fondo de un vaso de ginebra.
Vivimos en libertad: no hay elección.
De un trago, sin hielo, sin tristeza.
TG.

Qué de luz

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Qué de luz
y cómo el resplandor del sol naciente
peinaba las espigas con su oriente.
En una cruz
se moría un ramito de violetas,
las cigüeñas bailaban pizpiretas
con tutú,
y la suma del paisaje
nos predicaba un mensaje
de quietud.
En medio de todo aquello
aún había algo más bello:
tú.
Y la abeja movía su batuta
dirigiendo la orquesta diminuta
de la vida
que crece y repta y nada y vuela,
por cualquier grieta se cuela
y escondida
entre tus muslos se aprieta,
muslos de muchacha inquieta,
sorprendida
por la mañana infinita
que deja abierta la espita
desmedida
que mana música y sol
y te pinta un arrebol
en tu escote de muchacha.
Qué de luz la que lucías,
qué firmes geometrías,
vivaracha,
con pechos de mazapán
en la falda de un volcan,
de uva garnacha.
Allí entre tanta amapola
desnuda en una aureola
luminosa,
al dorado de tu piel
parecías el pincel
de la diosa
que tras pintar el trigal
dejó el regalo frutal,
caprichosa,
de tu temprana envoltura
de niña en una escultura
gaseosa.
Qué de luz allí en el prado,
qué de luz en tu costado,
jubilosa,
qué aria cantaba el viento,
qué feliz alumbramiento
de las cosas,
cómo olía la albahaca,
a qué jugaba la urraca
maliciosa,
qué trabajaba la flor
para volverse dulzor
y fruto,
qué celeste maquinaria
nos era depositaria
del tributo:
las abejas con su miel,
tu desnudo en el vergel.
Qué minuto.
Tomás Galindo.

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