Otro juguete filosófico por cuenta del amor

Invento prodigioso,
pólvora del alma,
oh, enemigo en calma,
relámpago en reposo,
me hieres con dulzura
y sin querer me matas,
me atas y me desatas,
me enfermas y me curas.
Amor, que no me das reposo,
que todo en mí es zozobra,
amor que en mí constante obra
de amo caprichoso.
Y yo no me rebelo,
pues siento que la brida
que sujeta mi vida
no encadena mi vuelo
sino que me da alas,
y que me mueve a escalas
que nunca hube soñado.
Amor, que me has dejado
colgando de un hilo,
con miedo de caerme,
para luego saberme
que el hilo en el que oscilo
no es hilo, que es cadena.
Que en amor el acero
parece algo ligero
y el granito… arena.
Amor, que aquí me tienes
como una nube ¡firme!
decidido a asirme
al vals de tus vaivenes.
Amor, que aquí te aguardo
como a la primavera
espera la primera
flor del nardo.
Amor, que aquí te espero
como espera la novia del soldado
que vuelva de oficial primero,
que no regrese luego derrotado,
para al fin esperar… que llegue entero.
Invento prodigioso,
pólvora del alma,
oh, martirio sin palma
oh, gozo misterioso
que el latido acelera,
principio radiactivo
que en alegre explosivo
consigue que me muera.
Confusión que me guía,
timonel que es veleta,
estatua que anda inquieta
la vía del tranvía.
Cómo tú, que eres pompa
de jabón en el viento
das a mi vida asiento
sin dejar que se rompa.
Cómo, asombrosamente,
del aire y de la espuma
consigues que la suma
en el alma cimiente
y el alma eche raíces,
que el abrazo abone,
y el beso proporcione
sus frutos más felices.
Amor, ruleta rusa,
esa suerte confusa
que nunca sale bien,
pues ganas cuando fallas
y si aciertas te hallas
volándote la sien.
*Oz ©

Yo es que soy nuevo

Yo es que soy nuevo en esto de la vida,tomasbalon
aún no sé el mecanismo de las flores,
me es desconocida
la pauta musical de los gorriones,
y por más que me empeño y que me empeño,
meto de contrabando en la rutina
el socorro vívido del sueño
y tengo la esperanza clandestina
de encontrarme al doblar en cada esquina
el Neverland en donde fui pequeño.
Cada día descubro en el espejo
un niño con la cara de ese viejo
con quien no tengo en común ya casi nada,
tan sólo la sonrisa conservada
en ese frasco lleno de cinismo
donde guardo la esencia de mí mismo.
Igual que las abejas a las flores
anduve yo libando los amores,
y más cera que miel fui recibiendo,
pero la miel que hubo, aun siendo poca,
aún me llena de dulzor la boca
cuando la cera ya se esfumó ardiendo.
Mas mientras que la abeja atesoraba
el oro de su miel en las colmenas
yo la dilapidaba a manos llenas.
Creo que nunca he aprendido nada.
Aún me sorprendo cuando cada día
un claxon me despierta en la mañana,
son los motores los que tocan diana
que el ave ciudadana ya no pía.
Ya no hay campanas, dónde se han metido
que no tocan a vuelo ni a difunto
para sentir las gentes en conjunto
la fiesta o el dolor con su sonido.
Absorto cada uno en su rutina…
Y la calle se llena abstracciones
y se nos llena el alma de rincones
de empotrarnos la vida en una esquina.
Desde el espejo miro que me mira
el muchacho que fui, que sigo siendo,
disfrazado de viejo sonriendo,
porque es disfraz la edad, porque es mentira,
porque los años no es cierto que te roben
con su fluir la condición de joven.
Hay viejos de nacencia y niños viejos
filosofando contra sus reflejos,
cagándose en la edad y sus miserias
y lanzando tartas a las caras serias.
Yo en esto de vivir aún desembarco
en un desconocido continente.
Yo soy un niño soez e irreverente.
Yo soy un niño y voy pisando charcos,
y caigo como un ave de rapiña
a levantar las faldas a las niñas.
Los graves temas de filosofía
nunca me demoraron un minuto,
salvo el amor, al que rendí tributo,
mas sin analizar qué me ocurría.
Pero la humanidad y sus dilemas
nunca me parecieron mis problemas.
Salvo en amar, como decía antes,
nunca me asemejé a mis semejantes,
y hasta en amar, lo puntualizo ahora,
gozo de una pasión devoradora.
Queden protagonistas de la historia
los grandes hombres en nuestra memoria,
yo prefiero al que se sacrifica,
al que planta y educa y edifica,
al hombre y la mujer que, de la mano,
hicieron de la bestia al ser humano.
Pero hablo por hablar, yo no sé de esto,
tan sólo estoy dispuesto
a ser grano en el granero,
a ser gota en aguacero,
a ser brazo
en el abrazo.
A seguir resistiendo cada día
escuchando ladrar a la jauría.
*Oz

La piscina de papá


Lo cual que iba yo en el bus, poquita gente, menos mal, con una madre y una hija en los asientos de delante. La madre joven y la niña de las de dedo en la nariz y lazo rosa en la cresta, de esas que un día aprenden a hablar de sopetón y no paran ya nunca. Llueve, apenas se ve tras el cristal, pero la nena atisba un gran edificio de oficinas en una plaza por la que pasamos y entusiasmada, agarra a su madre levantándose para seguir viendo el edificio y exclamando:
-Mira, mamá, la piscina de papá.
-No, no, ahí está la oficina de papá.
-Sí, sí, la piscina de papi.
-Oficina.
-¿Oficina? ¿No es la piscina?
-No, es una oficina.
-¿Y qué es una oficina?
-Un sitio donde hay muchas mesas con señores trabajando.
-¿Entonces papá no tiene una piscina?
-No, cariño, es una oficina y ahí trabaja papá escribiendo muchos papeles.
-Oh… yo creí que tenía una piscina y que un día me iba a llevar. -Dijo la niña ya haciendo un pucherito, toda acongojada de pena-
-¡Ay mi amor!
-¡Buaaaa!
Y yo detrás poniendo cara de póquer y sin saber si partirme de risa o echarme a llorar, porque la niña desilusionada daba auténtica pena. Es lo que tienen los niños, que se desilusionan de tantas ilusiones como se hacen.
Bueno, menos la de los reyes magos ¡esa dura!