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Yo he bebido por dos


Yo he bebido por dos, fumar… por cuatro
y follar… he follado por cuarenta.
Fui al infierno como otros al teatro.
Tengo acciones del parnaso en venta,
amigos en la cárcel, y una cuenta
de carajillos de aúpa en la cantina;
a quien tocar el culo en una lenta,
y alguien con quien hablar en cada esquina.
Porque hay que hacer rutina del derroche,
fichar como juerguista y calavera,
hacer el loco un martes por la noche
y que te mojen los de la regadera,
Saber la idiosincrasia del taxista,
que te conozcan los de la cruz roja,
que te seduzca alguna feminista,
que los munipas te la traigan floja.
Hay que vivir, caray, vivir de veras,
no como los yupis que parecen nuevos.
Ser cid campeador de las aceras,
hacer lo que te salga de los huevos.
Hay que dejarse caer por los barrancos
del canalillo de todas las dragcuins.
Fumar lo que no venden los estancos,
beber chupitos de hielo con orí­n.
Vivir sí­, pero sin despertadores.
A horas fijas despiertan las gallinas,
los condenados, sus ejecutores,
los pobladores de las oficinas.
El hombre grapa unido al formulario.
Mujer de beige, niño de uniforme.
Funcionario de gris, tonto estepario,
¿Pero hay cosa más gris que un funcionario?
Y tú eres especial y de otro mundo.
Tú no te vistes en el corte inglés.
Tú eres un filósofo vagabundo.
Tú miras el rebaño y no te ves.
La claridad te atiza de repente,
un crochet de verdad a los cuarenta.
Cabeza en uvecé caes en la cuenta
de que has perdido el tiempo estérilmente.
No has hecho, dicho, ni plantado nada,
Tu vida es un borrón que no recuerdas.
Y tu sospecha ha sido confirmada:
que tus amigos son todos unos mierdas.
Pasó tu gamberrez, como los granos.
Resulta que el amor se te ha olvidado.
Que tus huesos ansí­an los veranos.
Resulta que te quitan lo bailado.
Me queda una úlcera de tanto churro,
una pensión del inss para ir tirando,
una peli en el plus cuando me aburro
y este reúma que me está matando.
Tomás Galindo ©

El nefando crimen de las mandarinas.



Expdte. G-2332/2003 Indagaciones preliminares. Homicidio en la persona de Paví­a Huéscar, Ginés. Autora Céspedes Cantano, Dulcidia, esposa de la ví­ctima.

Informe de los Agentes de la Policí­a Municipal C691 y H654 de patrulla en el coche Z-32.

Personados los agentes C691 y H654 en el domicilio conyugal de los citados, tras haber recibido llamada telefónica del vecino de planta de los mismos Ávarez Matute, Cosme, alertado por unas voces primero de pelea y luego de duelo en el piso frontero al suyo. Este vecino nos informa de que aproximadamente a las once de la noche, encontrándose dormido, es despertado por ruido de gritos procedentes de la casa de los vecinos, entre estos gritos dice destaca la voz de Dulcidia C.C. quien profiere amenazas a su marido de diversa hí­ndole clase, entre ellas distingue las siguientes: “Hijoputa te voy a arrancar los huevos”, “Cabrón esta me la vas a pagar, os mato a ti y a esa pelángana” (desconociendo los agentes y el vecino el significado de “pelángana”, reflejamos aquí­ la palabra tal como parece sonar por si fuera de relevancia para el esclarecimiento de los hechos), “Te voy a meter las putas mandarinas por el culo y a esa por el coño”, “A esa traidora le voy a sacar los ojos y a ti, a ti te mato primero” “Cabrón”, “Hijo de siete leches”, etc, y otras de la misma hí­ndole clase. Que del mismo modo, dice el vecino Cosme A.M. oí­a replicar a la ví­ctima con voz ahogada y apenas ahudible “No es lo que tu te piensas Dulci”, “Te juro que no ha pasado nada”, y que después oyó un golpe violento, como cuando se rompe un cántaro, pero más fuerte, y un silencio, y que después la vecina Dulcidia C.C. se puso a llorar y a gritar “Hay Dios mí­o que lo he matado”, a continuación y siguiendo llorando “Haora voy a por tí­ perra, haora voy y te rajo como a éste” y que entonces, asustado, llamó al 092 dando parte.
Llamámos a la puerta de los actores, 3º Dcha, de donde se puede oí­r un sollozo entrecortado, identificándonos como Agentes de Policí­a, y nos abre la propia Dulcidia C.C. en bata y llorando, al tiempo que nos presenta las manos y nos pide que la llevemos presa diciéndonos que ha matado a su marido, y que la sujetemos o va ha matar también a una mujer a la que denomina “esa guarra”, y que posteriormente identificaremos como Engracia Cespedes Pujalte, prima de la autora. La requerimos para que nos muestre el paradero de su marido y nos conduce al dormitorio conyugal donde hayamos a la ví­ctima, este está tendido en el suelo al pie de la cama, en posición de “decúbito prono”, con la rodilla izquierda doblada y el pie izquierdo sobre la cama, comprobamos que efectivamente parece muerto y llamamos al Sr. Juez y al Grupo de Homicidios, sin más tocar ni alterar el escenario del crí­men.

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La Chon

Óyelo aquí­ si te atreves:

La Chon no tiene papel para el culo.

La Chon, Asunción Jiménez Canencia, alias eso, la Chon, tiene un problema de suministro de papel higiénico, por culpa de su compañera de chabolo, la Sinti, Cinthya Restrepo, alias Sinti o Sinti la desteñí­a, que parece que se le come el papel. La Chon está en el módulo dos de Alcalá-Meco, un sitio duro, como ella, donde van a parar atracadoras y delincuentas (ella dice delincuentas) de las de armas tomar y alguna que otra pavisosa como la Sinti, que no se sabe muy bien qué pinta allí­. A la Chon, entre una cosa y otra le cayeron dieciocho años, todo ello por culpa de la lentitud de la justicia, porque la tení­an que haber metido antes en la cárcel y así­ no habrí­a seguido atracando y engordando la condena (todo este razonamiento también según ella) (Y, ahora que lo pienso, también mí­o, parece de cajón ¿no?) Cuando yo la conocí­ llevaba una media por la cara, pero no le disimulaba nada de nada, sólo le hací­a más fea esa cara de sopera que tiene, agitanada y con la nariz de boxeador, de la que sólo destaca una risa muy alegre con dos dientes sobre fondo negro. Hizo que me tirase por los suelos y me dio el susto de mi vida. Eso sí­, la Chon siempre ha tenido una gran presencia de ánimo, o un par de ovarios, y una cierta propensión a las formas; estaba atracándome y mientras metí­a el dinero en una bolsa le echó un trago a una botella de coca-cola que habí­a allí­ abierta, y dijo -“Gracias, eh”, y siguió apuntándonos con la recortada. La Chon llevaba casi dos años en busca y captura cuando la cogieron, y no la cogieron porque la buscaran, lo de estar en busca es una expresión, no un hecho, o sea, a los que están en busca no los buscan realmente, sólo los tienen apuntados por si aparecen de alguna manera. Seguir leyendo La Chon