Categoría: Audiciones

Llegó la navidad

Llegó la navidad y todo el mundo es bueno. Llegó la navidad y erradicó el veneno. Llegó la navidad y las penas se van conforme uno descorcha botellas de champán. Llegó la navidad y el lobo se hace oveja con…

Bolero

Escúchalo aquí:  Adoro la forma en que te rí­es, el modo en que a veces me riñes… El bolero, ah, el bolero… el amor está en los boleros, está allí­, no escondido, no agazapado tras los acordes, sino explí­cito,…

La Ratita Presumida y el cirio que montó.

Narrador: (Lleva un fajo de folios escritos, donde lee, y tiene pinta de empollón) Érase una vez en un lejano paí­s de ensueño, una linda ratita que era muy hacendosa. (se abre el telón y aparece la Ratita de espaldas,…

Resulta que amanece

Resulta que amanece,
aún el cielo es cóncavo
cajón que se destapa
con un resquicio claro.
Resulta que tú estás
sin sueño, desvelado,
y el incierto horizonte
deja escapar un rayo
de luz, y te das cuenta,
actor involuntario,
de que la tierra es esto:
la escena del milagro.
Podrí­as ser un pez,
una cigarra, un árbol,
no estar ahí­ consciente
de estar solo y cansado;
y el sol, el simple sol,
ese disco rosado
que agrieta el horizonte,
hoy bosteza a tu lado;
y te das cuenta entonces
del divino entramado,
de la tierra que gira
y te va transportando;
te sientes pasajero
de la nave en que vamos;
te sientes pasajero
pues durarás, al cabo,
otros pocos bostezos
del fidedigno astro.
Qué pequeño y qué poco
-acaso innecesario-
qué disuelto en la suma
del elemento humano.
Resulta que amanece,
la luz hiere tus párpados;
con una hostia blanca
comulgan los tejados
y la noche se escapa
a los lomos de un gato.
Has cobrado conciencia
de estar solo entre tantos,
porque a pesar de ti
el sol no se ha alterado;
todas tus circunstancias
le traen sin cuidado,
no le importa tu insomnio
ni lo que te ha llevado
a pasarte esta noche
despierto y azogado.
Resulta que amanece,
suenan por algún lado
persianas que chirrí­an,
despertadores, pasos;
son los goznes del mundo
que cruje despertando.
La mañana se lleva
el borrón del pasado
porque la viva estrella
pudo desbaratarlo,
y tú ves que eres parte
de un todo inusitado
y sientes el impulso
con que cruza el espacio.
Y tú, apenas nada.
Y tú, apenas algo.
Apenas por encima
del gran cero asomando,
miras por la ventana
metamorfoseado
por los cinco minutos
de asombro cotidiano.
Tomás Galindo ©

Los buenos

ciegos y sordos y sin manos que palpen lo cercano cantamos sin hacer caso de presagios como los juglares ante el año mil no conoce nuestra frente la ceniza y antes dispuestos al desnudo que a vestirnos de saco nos…