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La Chon

Óyelo aquí­ si te atreves:

La Chon no tiene papel para el culo.

La Chon, Asunción Jiménez Canencia, alias eso, la Chon, tiene un problema de suministro de papel higiénico, por culpa de su compañera de chabolo, la Sinti, Cinthya Restrepo, alias Sinti o Sinti la desteñí­a, que parece que se le come el papel. La Chon está en el módulo dos de Alcalá-Meco, un sitio duro, como ella, donde van a parar atracadoras y delincuentas (ella dice delincuentas) de las de armas tomar y alguna que otra pavisosa como la Sinti, que no se sabe muy bien qué pinta allí­. A la Chon, entre una cosa y otra le cayeron dieciocho años, todo ello por culpa de la lentitud de la justicia, porque la tení­an que haber metido antes en la cárcel y así­ no habrí­a seguido atracando y engordando la condena (todo este razonamiento también según ella) (Y, ahora que lo pienso, también mí­o, parece de cajón ¿no?) Cuando yo la conocí­ llevaba una media por la cara, pero no le disimulaba nada de nada, sólo le hací­a más fea esa cara de sopera que tiene, agitanada y con la nariz de boxeador, de la que sólo destaca una risa muy alegre con dos dientes sobre fondo negro. Hizo que me tirase por los suelos y me dio el susto de mi vida. Eso sí­, la Chon siempre ha tenido una gran presencia de ánimo, o un par de ovarios, y una cierta propensión a las formas; estaba atracándome y mientras metí­a el dinero en una bolsa le echó un trago a una botella de coca-cola que habí­a allí­ abierta, y dijo -“Gracias, eh”, y siguió apuntándonos con la recortada. La Chon llevaba casi dos años en busca y captura cuando la cogieron, y no la cogieron porque la buscaran, lo de estar en busca es una expresión, no un hecho, o sea, a los que están en busca no los buscan realmente, sólo los tienen apuntados por si aparecen de alguna manera.